EXPRESIONES MARINERAS: MANDAR AL CARAJO

En Rías Atlánticas, además de interesarnos por todo aquello que tiene que ver con el #marisco o el #pescado, también nos gusta descubrir el origen de aquellas expresiones que utilizamos en el día a día y que tienen su razón de ser en el mar y las gentes marineras. Hoy le toca el turno a una expresión que todos hemos utilizado en más de una ocasión: mandar al carajo.



Seguro que más de una vez has mandado a alguien al carajo. Cuando lo haces, estás diciéndole a alguien, de forma un tanto destemplada, que te deje tranquilo, que no te moleste más y se vaya lo más lejos posible. 

Para entender el origen de la expresión debemos averiguar primero qué es eso del carajo (más allá de la connotación sexual que todos estamos pensando ahora).  Pues bien, el carajo era como se denominaba antiguamente al cestillo o canastilla pequeña situado en lo más alto del palo mayor de las embarcaciones, en la que el vigía (o serviola) se situaba para tratar de avistar con antelación los peligros a los que se enfrentaban en la navegación, como otras naves o los diferentes accidentes geográficos.

El lugar en sí era incómodo (muy alto, estrecho, inestable y con una alta dosis de balanceo) y por tanto no era plato de buen grado que te mandasen allí. Además, como podéis suponer, estar allí durante un buen rato casi garantizaba un buen mareo, a no ser que el cuerpo estuviese muy acostumbrado a estas lides.

Los capitanes utilizaban por tanto este lugar para mandar a aquellos que no cumplían correctamente con sus obligaciones o a los que cometían infracciones y debían ser castigados por ello. El capitán los mandaba al carjo y se olvidaba de ellos por un rato al tiempo que, una vez cumplido su castigo, el infractor volvía a sus quehaceres diarios mucho más dócil y dispuesto a obedecer.